Todo, absolutamente todo lo que se te pase por la cabeza daba por él.
Todo lo que él quisiera, todo lo que necesitaba, todo con lo que se encaprichaba, se lo hubiese dado,
porque lo quería tanto como nunca pensé que iba a llegar a querer, porque me enseñó, porque aprendí, porque crecí, porque me dió todo lo que necesité, todo lo que necesito en sólo un par de meses, porque sin quererlo, sin intentarlo llenó mis días de luz, llenó mi vida de alegría. Y ésa alegría que tanto esperé para tenerla hoy se va desvaneciendo con los días, con las cosas, con ésos besos que veo, que solía ganar yo, que solía esperar con todo mi corazón a que llegaran a mi boca, para quedarme con una sonrisa el resto del día, ¿y ahora qué? Sólo hay lluvia, sólo hay dolor, sólo hay lágrimas, sólo hay desesperación para ocultar, para mentir, para fingir que no duele, que no dolió y que no va a doler, y lo único que siento dentro mío es que cada minuto que pasa me desplomo más, me caigo más, que me destrozo, que cada vez estoy más cerca del fondo y ya no hay luz, no la veo, no sé para donde caminar, no sé como hacer para olvidar.
Juro no volver a confiar, juro no enamorarme nunca más, juro olvidarme de todo lo que viví, de todo lo que pasé al lado suyo, y no por resentida ni despechada, porque sé que la felicidad que tuve en ése momento no la voy a volver a tener jamás, ¿Para qué seguir sufriendo con algo que no tiene marcha atrás, ni marcha adelante?¿Para qué seguir recordando? Lo quiero tanto que lo necesito lejos de mi vida, no mal interpreten, él es lo que más quiero, pero no puedo tenerlo. Fue lo mejor, mi mejor error, el más hermoso y lo aseguro. Pero es tiempo de olvidar, sabiendo que siempre lo voy a recordar.